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Experiencias campesinas

Por Cristina Barros y Marco Buenrostro

Por todos los rumbos, los campesinos y campesinas se organizan para cuidar su más preciada herencia: el maíz. Son ellos los que, en palabras de María de Jesús Bernardo, de la Red de Alternativas Sustentables Agropecuarias (RASA, Jalisco), tienen que sustituir al Estado. Las organizaciones no gubernamentales buscan, con la gente del campo, lograr el abasto de alimentos a escala nacional para no depender del exterior.

Los cambios que se requieren implican sustituir semillas mejoradas por semillas nativas, usar abonos orgánicos en lugar de fertilizantes y sustituir insecticidas químicos por insecticidas naturales. Es importante hacer conciencia en la población para que entiendan el valor del maíz producido con tecnología tradicional.

Conservar la milpa es también fundamental. En el libro Haciendo milpa, al que ya nos hemos referido, Edelmira Linares y Robert Bye afirman: “la milpa es una vez y media más productiva que un campo de maíz mejorado en monocultivo extensivo”. Coincidimos cuando plantean que la milpa es clave para la seguridad alimentaria de México y el aprovechamiento sostenible de nuestra biodiversidad.

De acuerdo con Carlos Beas, de la Unión de Comunidades de la Zona Norte del Istmo de Oaxaca (Ucizoni), hace 40 años en la milpa se obtenían quintoniles, verdolagas, chiltepín, cebollines, miltomate, chile y frijol, base de la alimentación familiar; con la venta de los excedentes se abastecían del resto de los insumos que se requerían.

Fue el gobierno el que presionó para sustituir las semillas nativas por mejoradas y el que vendió insecticidas y fertilizantes químicos, incluso en lugares donde se recogían desde antaño hasta tres cosechas anuales. Esta labor continúa; la Secretaría de Agricultura, de la mano de Maseca, promueve apoyos a los campesinos que dejen de usar maíz nativo en lugares como Nayarit, donde la Universidad Autónoma de esa entidad y la CDI organizan una feria anual del maíz desde 2006.

Otro estado en el que se trabaja en la defensa de maíces como el cuarenteño, que es de ciclo corto, el conejo, el sapo, el toro, el olotillo, el morado y el amarillo elotero, entre otros, es Guerrero; en distintas regiones colaboran la Universidad Campesina y el Grupo de Estudios Ambientales.

En las milpas hay además frijoles como el biche blanco, el garrote negro o el bayo cáscara dura. En palabras de doña Mine, originaria de Mogoñe, Oaxaca, “ahí está nuestra comida del día…” En la milpa, complementa Carlos Beas, “se encuentra el futuro de nuestros pueblos. La defensa de la milpa es la defensa misma de la vida”.

marcri44@yahoo.com.mx

y ADEMÁS

vía La Jornada: Itacate.

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